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El mensajero del miedo
Satisfecho tras la experiencia obtenida con la reinvenci?n del cl?sico de Stanley Donen Charada dirigida un par de a?os atr?s, Joanthan Demme vuelve a la carga con otro largometraje disfrazado de remake que a pesar de respetar su planteamiento, el cineasta adapta a una realidad mucho m?s rabiosa y de una actualidad convertible a una atemporalidad que separa la condici?n propia del significado que entendemos como remake para esculpir una pel?cula aut?noma tomando de base otra antigua, no realizando una nueva versi?n, hecho que se erige la mayor baza de la pel?cula. As? pues, la adaptaci?n de El Mensajero del miedo de John Frankenheimer vuelve por los caminos que ya explot? en La verdad sobre Charlie. Demme adapta un material ajeno para hacerlo propio y reubicarlo en nuestros d?as dot?ndolo de una amenaza m?s grave de lo que se puede imaginar a tenor de un primer visionado.
Las similitudes entre ambas pel?culas no acaban aqu? ya que Demme las emparenta desarrollando un mismo esquema dram?tico cuyo n?cleo siempre es la manipulaci?n de una persona extrapol?ndolo a su entorno. Un entorno que viene acompa?ado del enga?o y movido por las apariencias. En las pel?culas de Demme nadie es lo que aparenta ser, desde los socios perversos e hip?critas de Philadelphia hasta Charlie pasando por el ya ultra famoso doctor Hannibal Lector y que en El mensajero del miedo alcanza sus cotas m?s elevadas. Tan elevadas son las tesis que nos propone en la pel?cula que en ciertos momentos la cinta se convierte en un claro exponente de lo que deber?a ser el g?nero del terror. Un terror carente de sustos y efectos de sonido pero un terror amenazante y latente capaz de ser activado en cualquier momento y cuya posibilidad real unida a la cont?nua desinformaci?n y enga?o (otra vez) al que es sometida la realidad que el mero hecho de ser planteado y cuya l?gica es m?s que plausible ba?a todo el largometraje de un aire terror?fico que viene ejemplificado en la creencia de que lo que nos explica puede ser perfectamente posible a pesar de su inicial inverosimilitud.
Con semejante material la probabilidad de caer en una sucesi?n de giros argumentales y p?rdida de la subjetividad a la hora de desarrollar una trama y unos personajes coherentes en pos de una mayor denuncia y/o implicaci?n del p?blico queda difuminada por el excelente trabajo de su director quien controla perfectamente el material con el que cuenta sin perder el norte para conducirnos y sobretodo descubrirnos poco a poco las implicaciones y consecuencias de una trama que hasta el tercio final nunca sabes claramente las terror?ficas opciones que puede conllevar. Demme consigue mantener el suspense en todo momento dosificando la informaci?n llegando a un giro casi al final muy muy interesante cuyo apoyo por parte de todo el reparto no hace otra cosa que conseguir hacer cre?ble unas hip?tesis m?s acorde con la particular mente conspiratoria de alguien como Oliver Stone. Y es que tanto un excelente y entregado Denzel Washington como una dura y poderosa Meryl Streep dotan a sus personajes de una humanidad lo bastante consistente para dejar entrever lo ambiguo de los papeles que interpretan secundados con un acertado Liev Schreiber y la siempre agradecida aparici?n de un hoy casi olvidado Bruno Ganz. En los actores reposa el peso de la pel?cula y ellos no s?lo lo aceptan sino que lo conducen hacia el desenlace sin decaer en ning?n instante.
Este hecho es el que dictamina el tempo y ritmo del largometraje, un ritmo que a pesar de no decaer, Demme domina con pericia huyendo de la aceleraci?n constante hoy en d?a y de la desmesura que suele acompa?ar a este tipo de productos cuyo mayor emblema es el ca?tico estilo del acabado Tony Scott, aunque la cinta pierde fuelle debido a su excesiva duraci?n que la hace a veces un tanto pesada y que sin duda con la supresi?n de diez o quince minutos ganar?a mucho m?s al hacerla m?s concisa y directa.
Es de agradecer en los tiempo cinematogr?ficos que vivimos hoy en d?a la aparici?n de una pel?cula comercial con mensaje y b?squeda de debate y voluntad de cuestionar los valores de una sociedad dominada por el enga?o y la ocultaci?n de verdades m?s nocivas que las causas que nos intenta justificar para argumentar hechos tan poco justificables como guerras, condenas o actos pol?ticos que ven amparado su poder a coste de talonario e influencias. Un ejemplo de cine valiente, inteligente y a contracorriente que no juega con la inteligencia del espectador. Un claro modelo para lo que deber?a ser cine comercial para todos los p?blicos.
El problema viene dado cuando en numerosas ocasiones las pel?culas que nos llegan de este estilo se quedan en meros apuntes interesantes o buenas ideas no desarrolladas.
En el caso que nos ocupa, Jonathan Demme hace lo que puede lo que ya es algo, pero es la intenci?n es lo que cuenta. Sobretodo en el cine.
Por Emilio Mart?nez-Borso
Añadido: January 13th 2005 Escrito por: kc Resultado:    Enlace Relacionado: Website Lecturas: 113 Idioma:
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El mensajero del miedo Enviado por kc el 2005-03-21 20:46:58 Tu marcador:   
Pelicula extra?a y a veces carente de sentido. El transcurso de la cinta sufre altibajos no deseados en una historia que atrapa; sobretodo si no has visto la original.
A pesar que todo lo que sucede en la cinta nos deja una sensaci?n de deja v?, se deja ver, aunque a medida que la trama se resuelve, cada vez m?s, se vuelve una pelicula inconsistente y tramposa.
Te deja con una sensaci?n que se podr?a hacer mejor, con el dinero y actores que se han servido.
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El mensajero del miedo Enviado por kc el 2005-01-13 15:16:47 Tu marcador:    
El director de "El silencio de los corderos" hace su propia campa?a electoral con una nueva adaptaci?n del film hom?nimo realizado por John Frankenheimer. Su historia apunta cr?ticamente hacia el matrimo-nio entre las megacorporaciones econ?micas y los pol?ticos en Esta-dos Unidos, con la aquiescencia de los medios de comunicaci?n. Se-g?n declaraciones suyas, el pa?s vive actualmente atenazado por el miedo a nuevos ataques terroristas, y tambi?n por la p?rdida de liberta-des civiles y del esp?ritu de la democracia, que ha quedado a merced de intereses econ?micos y ambiciones personales de poder.
Para esta guerra particular en defensa de una mayor transparencia, Jonathan Demme da a Denzel Washington el papel de Marco, un comandante que sufre pesadillas desde su participaci?n en la Guerra del Golfo, y que comienza a dudar de la verdad de su heroica actua-ci?n cuando el que fuera su sargento Shaw es presentado como can-didato a la vicepresidencia americana, bajo la tutela de la senadora que interpreta Meryl Streep, su peculiar y ambiciosa madre.
Una historia de conspiraci?n por el poder, de hilos ocultos y de alcantarillas pol?ticas, en la que se lanzan dardos en-venenados contra el gobierno norteame-ricano, contra su pol?tica exterior y arma-ment?stica, contra su hipocres?a y corrup-ci?n a todos los niveles, pues nadie que-da libre de sospechas. Todo comienza con la manipulaci?n a trav?s del control de la memoria, merced a adelantos gen?-ticos y de neurocirug?a de ciencia ficci?n que propician que uno no sea due?o de sus pensamientos, ni de sus recuerdos, ni de sus acciones. En estos sofistica-dos ?lavados de cerebro? tenemos ya una clara alusi?n a la creaci?n de opini?n que medios de comunicaci?n elaboran a diario ?y que la pe-l?cula pone su guinda con un final que aqu? no desvelaremos? y de la falta de libertad que puede vivirse en la naci?n paradigma de la demo-cracia.
A continuaci?n, la creaci?n de un candidato est? servida en bandeja, una vez creado el perfil que necesita el pueblo: basta con dotarle del patriotismo necesario, hacer desaparecer a contrincantes que pudieran hacerle sombra o incorporar a su discurso unos cuantos esl?ganes atrayentes. Si hay que sacrificar lo personal, ah? est? la ambici?n de una madre que quiere ver a su hijo encumbrado en lo m?s alto del po-der. Estas y otras manipulaciones concatenadas denuncia Demme, que aqu? se convierte en periodista de investigaci?n, divulgador de ciencia ficci?n y salvador de las libertades.
Sin embargo, a?n cabe otra manipulaci?n: la de la propia pel?-cula, de la que hay que dudar desde el momento en que parti-cipa de la misma maquinaria que lo criticado y no oculta sus ideas pol?ticas. Cuando uno asiste a un espect?culo entretenido, con visos de veracidad porque el gui?n est? bien construido y dosifica ade-cuadamente la informaci?n, cuando todo tiene su explicaci?n porque el director se encarga de desvelarla y abrirnos los ojos, cuando todo es negro y apenas hay matices, entonces hay que dudar un poco de ello. Aunque la realidad sea complicada y existan esos intereses ?tampoco vamos a ser ingenuos, ni a salir en defensa de nadie?, no resulta ho-nesto orientar toda la trama en una direcci?n tan acusada, en la que se entrev?n prejuicios y objetivos particulares. Por eso, la pel?cula de Demme ?como las de Moore? huele a podrido al aprovecharse de ma-nera tendenciosa para hacer su propia pol?tica, en momento y lugar oportuno.
En el terreno estrictamente cinemato-gr?fico, ya se ha dicho lo m?s que co-rrecta que est? construida la historia, porque los estadounidenses son exper-tos en el arte de contar y entretener. Por otra parte, nadie va a descubrir a la pa-reja protagonista como actores de prime-ra l?nea, o la facilidad con que la m?sica, fotograf?a o montaje logran despertar in-quietudes, crear miedos o levantar suspi-cacias. Tambi?n en eso el thriller ameri-cano camina por un sendero muy trillado. La pel?cula gustar? al gran p?blico porque est? bien realizada, incita a la reflexi?n cr?tica, y toca temas actuales como la guerra, la p?r-dida de libertad o el miedo social. Habr? que tener cuidado de no caer en el escepticismo m?s absoluto, que nos llevar?a a dudar hasta de nuestra propia personalidad y pensamiento.
por Julio Rodr?guez Chico
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El mensajero del miedo Enviado por kc el 2005-01-13 15:15:42 Tu marcador:    
A pesar del fracaso comercial de "La verdad sobre Charlie", Jona-than Demme insiste en realizar ?remakes? de algunos cl?sicos de Hollywood, toc?ndole ahora el turno a "El mensajero del miedo", una cinta de John Frankenheimer protagonizada por Frank Sinatra, Lauren-ce Harvey, Janet Leigh y una espl?ndida Angela Lansbury, quien no es de extra?ar que en su d?a fuera nominada al Oscar? en la categor?a de mejor actriz secundaria. Obviamente, cambian los escenarios y los personajes, pero uno tiene la sensaci?n de que el responsable de "El silencio de los corderos" no aporta las suficientes novedades como pa-ra justificar que se haya llevado a cabo una nueva versi?n de la citada pel?cula de 1962.
Tras una introducci?n en la que el rea-lizador deja bien clara cu?l es su opini?n acerca de los pol?ticos, cuyas actuacio-nes no se dirigen precisamente a servir a aquellos ciudadanos que les han votado para administrar con prudencia los intere-ses de toda una naci?n, sino que preten-den manipular a los electores, creando una pantomima en la que muestran sus rostros m?s sonrientes y amables al tiempo que esconden sus aviesas y ver-daderas intenciones (relacionadas en es-ta ocasi?n con el poder de determinadas corporaciones y empresas). Este retrato pesimista del mundo de la pol?tica no es algo nuevo en el mundo del celuloide, aunque a veces da la impresi?n de que se introduce para contentar a ciertos sectores de la cr?tica, los mismos que valoran una pel?cula m?s por sus contenidos ideol?gicos que por sus bondades cinematogr?ficas.
No obstante, Jonathan Demme sabe que est? manejando un presu-puesto que supera los cien millones de d?lares, publicidad incluida, de ah? que una vez que transcurre la media hora inicial del filme se aden-tre de lleno en los convencionalismos de un g?nero que, si se trata con respeto, puede resultar de lo m?s entretenido. Si bien no posee escenas dignas de menci?n, de ?sas que se quedan grabadas en la memoria del espectador, hay que reconocer que, al igual que la obra en la que se basa, su desenlace es tenso y ameno, a pesar de que, en general, se puede decir que nos encontramos ante una cinta a la que le sobran unos cuantos minutos cuya eliminaci?n habr?a redunda-do en su beneficio.
El director sustenta el ?xito de su empresa en el excelente plantel que tiene a su disposici?n. No s?lo nos encontramos con un contenido y atormentado Denzel Washington, si-no que cuenta con una de esas actri-ces que, haga lo que haga, recibe alabanzas por todos lados: Meryl Streep. No voy a ser yo quien discuta la calidad de una int?rprete tan vers?til, so-bre todo teniendo en cuenta que aqu? li-dia con un antip?tico personaje que ha de bascular entre la credibilidad y la cari-catura, siendo en ocasiones muy dif?cil encontrar dicho equilibrio. Probablemente la mayor sorpresa de todo el reparto sea la interpretaci?n de Liev Schreiber, agradeci?ndose ade-m?s la breve presencia de un estupendo Jon Voight.
Por ?ltimo, y acostumbrados a la melosidad de la obra de Rachel Portman, es sorprendente encontrarnos con una banda sonora repleta de suspense y conformada por piezas que cumplen con eficacia su misi?n dentro de la pel?cula. Resulta grato comprobar que una compo-sitora que se hab?a encasillado en su trabajo, no tanto por su culpa co-mo por la de los grandes estudios, cuyos dirigentes no est?n dispues-tos a correr riesgos cuando est? en juego tanto dinero, es capaz de salir airosa de semejante desaf?o, si bien en esta ocasi?n su tarea no es lucirse, sino ayudar a crear dentro del filme una adecuada atm?sfe-ra, algo que consigue pero sin apabullar.
por Joaqu?n R. Fern?ndez
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