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Indice de Criticas Envia tú Critica de La pesadilla de Darwin Criticar Nueva Pelicula

La pesadilla de Darwin

Considerado como el mejor documental europeo de 2004, esta obra no dejar? indiferente a nadie. Con el Lago Victoria como protagonista, nos muestra la brutalidad con que el mundo desarrollado y de primer orden, somete a los m?s desfavorecidos, oblig?ndolos a vivir en condiciones inhumanas. No es un documental que pueda verse de forma tranquila, ni tampoco que el deseo de repetir su visionado exista. En algunos momentos se muestra insoportable su mirada a un mundo del que todos somos part?cipes. El continuo expolio de los recursos naturales de las tierras africanas, representado en este caso por los peces del lago, condena a las tribus que durante incontables generaciones han vivido de ellos. Ahora se las obliga a pescar y manufacturar un producto, que no podr?n disfrutar mientras las grandes empresas multiplican sus beneficios. Esta muestra brutal de la realidad que se oculta detr?s de nuestra propia vida diaria, intenta hacernos reaccionar. Un documental revelador, cr?tico e interesante que dirige Hubert Sauper.

Yahoo.es

Añadido: July 5th 2005
Escrito por: kc
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Lecturas: 291
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Indice de Criticas Envia tú Critica de La+pesadilla+de+Darwin Criticar Nueva Pelicula

La pesadilla de Darwin
Enviado por kc el 2005-08-28 11:38:59
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?rase una vez un pa?s situado en la zona de los Grandes Lagos, una de las m?s hermosas del planeta, si hemos de hacer caso a Kapuscinski y su ?bano. Habituado a guerras tribales, hambrunas peri?dicas, gobiernos corruptos y SIDA pand?mico, esta tierra maldecida por los Dioses crey? por un momento que la suerte se le pon?a de cara cuando un extra?o y descomunal pez empez? a colonizar el lim?trofe lago Victoria, para regocijo de propios y (sobretodo) extra?os.

El pa?s se llamaba Tanzania y sus jerifaltes no quer?an saber nada de viejas rencillas entre hutus y tutsis. Hab?an aprendido de sus colegas occidentales a promocionarse, a "vender" los atractivos econ?micos de su tierra sin preocuparse de desagradables asuntos secundarios, como la miseria que reinaba entre sus conciudadanos o la alt?sima tasa de mortalidad infantil.

Como una bendici?n, pues, fue recibida la implantaci?n de numerosas f?bricas en la orilla del lago, encargadas del procesado y manipulaci?n de tan preciado alimento. Un pescado que, adem?s, comenzaba a gozar de una gran demanda en los mercados europeos y japoneses. La perca del Nilo, lo llamaban. ?Aut?ntico oro en barras?, les aseguraban analistas y observadores, que auguraban un vuelco en las desalentadoras estad?sticas de crecimiento que manejaban.

La noticia se extendi? como la p?lvora por toda la regi?n: de Tambora a Dodoma, de Mbogo a Morogoro. ?Hab?a trabajo! Bastaba con abandonar unas tierras de labranza que apenas cubr?an las necesidades de subsistencia de una siempre numerosa familia africana y hacerse pescador, all? en Mwanza. Por fin iban a tener la oportunidad de demostrar su val?a. Podr?an ganar dinero, ofrecerles un futuro mejor a sus hijos. ?Qui?n sabe si incluso podr?an ir a la escuela y todo!

El todopoderoso Fondo Monetario Internacional alentaba la iniciativa privada, animando a empresarios y emprendedores en general, interesados en la explotaci?n de una especie que indudablemente redundar?a en infinitos beneficios para los habitantes del lugar. Cierto es que este animal ?que parec?a extra?do de las profundidades abisales del Pac?fico? hab?a acabado con todas las dem?s especies aut?ctonas, debido a su incre?ble voracidad. El depredador ?implantado en la zona hac?a cuatro d?cadas no se sab?a muy bien por qui?n? se hab?a encontrado en una aut?ntica balsa de aceite: un genuino "comedor" donde pod?a servirse a su antojo, devorando bancos de sorprendidos pececillos incapaces de oponer resistencia alguna.

Dinero llama a dinero. Desde Europa, decenas de aviones despegaban cada d?a con destino africano, para volver cargados de suculentos filetes de la dichosa perca del Nilo. No parec?a haber nada malo en aquella relaci?n claramente simbi?tica: los parabienes del capitalismo se demostraban una vez m?s. Si ofertas un producto de calidad, la demanda va a crecer. Y si adem?s eres capaz de minimizar tus costes fijos (con un sueldo que, con todo, a los deprimidos africanos les parecer? una millonada), el negocio se antoja redondo.

Pero hete aqu? que "algunos factores externos" comienzan a desarmonizar el conjunto. Resulta que el s?bito incremento de la poblaci?n masculina ?la ?nica v?lida para echarse a la mar y capturar ese pescado que las f?bricas le arrebatar?n de las manos por un precio irrisorio? provoca un flujo migratorio, en paralelo, de mujeres dispuestas a cubrir los "apetitos animales" de sus nuevos convecinos. Las comunas obreras quedan as? constituidas por dos clases de explotados: la mano de obra (que trabaja durante el d?a) y las prostitutas (con una jornada eminentemente nocturna). Existe tambi?n un tercer tipo de desarrapado: los ni?os. Esos ni?os que nadie quiere, que nacen no se sabe muy bien c?mo ni porqu? y que vienen a amargarle a uno la vida cuando no ha cumplido ni los quince a?os. Hay que deshacerse de ellos, claro est?. Abandonarlos a su suerte en las calles, donde se juntar?n con otros de su misma estirpe an?nima y lograr?n as? sobrevivir entre monta?as de detritus, esnifadas de cola y sodomizaciones de compa?eros mayores, igualmente drogados.

Quiz?s la cosa mejorar?a si utilizasen condones. Pero el curita local lo tiene claro: eso no es seguro, hombre? ?y adem?s es pecado! Un analfabeto impartiendo clases de ?tica a otros analfabetos? de vez en cuando aparecen evangelistas con sed de conversi?n y les pasan pel?culas ??menudo acontecimiento!? donde uno al que llaman Jes?s logra capturas ol?mpicas en un mar calmado?

Los aviones que aterrizan en la pista de un aeropuerto bacheado, sin controlador a?reo cualificado ni medios para retirar a algunos de los aparatos que han tenido menos suerte en alguna maniobra de aproximaci?n, y?ndose a estampar contra el asfalto; esos aviones rusos tan baratos, digo, vienen tripulados por gente que moja en alcohol y sexo la culpa de servir a unos intereses despreciables, que no comprenden pero intuyen?

Porque lo terrible no es que les robemos ?literalmente? la comida que podr?a paliar la hambruna que padecen 2 millones de personas (aunque las autoridades bananeras se nieguen a reconocerlo, no vaya a ser que se frene el ?mpetu inversor). Tampoco es lo m?s terrible saber que cocinan las sobras, aquello que los europeos tiramos al cubo de la basura. O el ver una de las im?genes m?s duras del a?o: ni?os peg?ndose por un pu?ado de arroz.

No. Lo m?s inconcebible ?aunque intuido durante todo este cuento, pues en el mundo de ah? fuera el lobo feroz se jala a Caperucita despu?s de benefici?rsela, el flautista de Hamelin acaba de proxeneta con su legi?n de infantes, la Blancanieves haciendo la calle en pos de un pr?ncipe por horas y lo de los siete enanitos con la Bella Durmiente ? mejor ni te lo cuento? es que esos gigantescos aviones de carga no vienen s?lo por el pescado. Eso ser?a s?lo un expolio amoral y los occidentales con pasado colonialista estamos relativamente acostumbrados a rapi?ar recursos naturales ajenos. Pero lo que hemos visto hasta ahora es ?nicamente el viaje de vuelta. Y conozco pocos transportistas ?por tierra, mar o aire? que vuelvan de alg?n sitio? sin haber llevado algo en la ida.

En el viaje a ?frica esos aviones no van vac?os, no. Traen armas, esas armas que importamos desde Europa para que se perpet?en las guerras, esas guerras que parad?jicamente sus futuros contendientes parecen ansiar largamente, como ?nica posibilidad de abandonar la miseria y alistarse en el ej?rcito, donde los salarios son m?s dignos. A cambio, ?qu? pueden perder? ?La vida? ??Qu? vida?!

Esas guerras que despu?s trataremos de paliar con nuestras misiones humanitarias, nuestra verborrea de funcionario de Bruselas, nuestra hipocres?a antiamericana? porque en este cuento, somos nosotros los malos. No hay republicanos fascistas ni familiares de Bush ni la sombra p?rfida de Washington. Hay, eso s?, residuos colonialistas ?mirando un mapa de ?frica, sigue sorprendiendo la inquietante presencia francesa, ?les he contado alguna vez que una de las causas del genocidio ruand?s fue una disputa franc?fona? Mejor otro d?a, no se me vayan a deprimir?. Residuos de una Europa sonriente, encantada, dialogante. Podrida.

La pesadilla de Darwin nos baja del limbo con un golpe de culata (culata manufacturada en alg?n lugar no tan lejano? quiz?s en nuestro propio pa?s). Es nuestra decisi?n pretender seguir creyendo que nada extraordinario ocurre o informarnos sobre una tropel?a que ?hasta ahora sin saberlo? ayudamos a consumar. Si quieren saber algo m?s sobre el tema, les invito a que visiten (ya no como oidores de un cuento, sino como conocedores de una realidad cruenta) la web www.notecomaselmundo.org. En ella descubrir?n, sin ir m?s lejos, que en Mercabarna (Barcelona) se vendieron el a?o pasado 2 millones de kilos de perca del Nilo, la mayor?a procedente de ese mismo lugar que vemos en la pel?cula. La venden en nuestros mercados y pescader?as, convenientemente filetada y etiquetada a veces como mero... a precios sorprendentemente (?o no tanto?) asequibles.

No se pierdan este cuento de terror, escenificaci?n cruenta de la batalla norte-sur, genuina guerra de los mundos, genuino exterminio. Pero sin un final alentador que llevarnos a la boca.


Por Jorge Mauro de Pedro











La pesadilla de Darwin
Enviado por kc el 2005-07-10 12:18:27
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Cu?nto mal ha hecho Michael Moore con sus pel?culas. Tras las impresionantes Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11 acude uno al cine a ver un documental y ya espera encontrarse con una obra de similares caracter?sticas a las del orondo norteamericano, con cientos de datos por minuto y una sana iron?a retratando lo sucedido en el lugar donde se desarrollen los sucesos. Si adem?s antes del visionado se lee alguna cr?tica que dice que la cinta (en el caso que nos ocupa aqu? La pesadilla de Darwin) es impresionante y casi magistral, resulta que todo nos hace prever que vamos a pas?rnoslo genial en el cine, ?verdad? Pues nada m?s lejos de la realidad. No negar? que la obra del director franc?s Hubert Sauper tenga un gran valor como obra necesaria en la actualidad para denunciar una de tantas situaciones injustas que se dan en el Tercer Mundo. Lo que cuestiono es el modo que ha elegido para hacernos llegar esa denuncia.

La pesadilla de Darwin nos cuenta que en Tanzania, en el lago Victoria, hace a?os fueron introducidas unas percas que comenzaron a devorar a otros peces que viv?an all?, alterando el ecosistema del lago de forma irremediable. Eso s?, con el paso del tiempo la exportaci?n de perca se ha convertido en un gran negocio para el pa?s, y los aviones que transportan los filetes de tan preciado animal regresan a Tanzania con sus bodegas llenas de cajas que contienen armas para las diferentes guerras civiles africanas. Esto es m?s o menos lo que un espectador medio que lea cualquier cartelera de cine sabe cuando accede a la sala. Pues bien, eso y poco m?s (por no decir nada m?s) es exactamente lo que cuenta la pel?cula en sus 107 minutos de duraci?n. No se puede negar que el tema daba para un an?lisis concienzudo al estilo del mentado Michael Moore (o del argentino Fernando Solanas en la reciente Memoria del saqueo), pero en su inicio los minutos transcurren y apenas presenciamos escenas mudas de la pobreza en las calles del pa?s africano, a unas prostitutas cantando en un bar de mala muerte y a un controlador a?reo matando una avispa. Poco a poco el entusiasmo de nuestras expectativas se van transformado y el ritmo de la pel?cula, empe?ada en su arranque en mostrar escenas sin demasiada relevancia (s?, ya sabemos que en ?frica lo pasan muy mal, pero no vemos nada que no hayamos visto ya o que no podamos imaginar), hace que nos sumamos en el aburrimiento y que busquemos un inexistente mando a distancia para saltar a la siguiente escena, a ver si la cosa mejora.

Superada la primera hora de proyecci?n se nos muestra un trozo de un documental americano que resume a la perfecci?n el problema de las percas, y que es todo lo que no es el film de Hubert Sauper: claro, conciso y dando la informaci?n justa, sin agobiar pero tampoco sin dormir al espectador. Por desgracia se trata de un mero inciso y pronto volvemos a la marcha normal de la pel?cula, que adolece de gran cantidad de tiempos muertos, informaci?n reiterada una y otra vez (v?a im?genes o r?tulos sobre fondo negro), y donde encima soportamos conversaciones que parecen no tener fin gracias a que los entrevistados contestan en ingl?s, lengua que a todas luces no dominan a la vista de lo entrecortado de sus frases. ?Por qu? no se eligi? que hicieran sus declaraciones en su lengua nativa? Y ya puestos, ?por qu? el subtitulador de la versi?n espa?ola deja much?simas frases sin subtitular? Vale que en muchos casos son repeticiones de las frases que se han dicho momentos antes, pero igual alguien que no domine la lengua de Shakespeare no acaba de entender esa decisi?n.

Eso s?, de vez en cuando aparecen im?genes realmente impactantes, pero en un corto de media hora hubieran impactado igual y no habr?amos salido tan frustrados del cine.

Antonio N??ez

La pesadilla de Darwin
Enviado por kc el 2005-07-06 20:32:42
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Este documental, filmado digitalmente y cuyo hinchado para ser proyectado en cine denota su origen, habr?a tenido habitualmente una difusi?n televisiva restringida. Por fortuna, el auge del cine documental permite el acceso de una peque?a joya como La pesadilla de Darwin. Inapelable testimonio ante el que un europeo puede -y deber?a- sentirse turbado. Avergonzado, vamos.

En los a?os sesenta, una nueva especie, la perca del Nilo, fue introducida en el lago Victoria, en ?frica central, el segundo del mundo por superficie. La nueva criatura no tard? en revelarse insaciable depredadora de otras especies y provoc? un total desequilibrio ecol?gico. Pero esto es s?lo la punta del iceberg mostrada por el documentalista austriaco Hubert Sauper, que durante el rodaje de un filme anterior sobre los refugiados ruandeses, descubri? un secreto a voces. Los aviones rusos que llegaban para cargar los blancos filetes sin espinas y de consumo mundial no llegaban vac?os. Descargaban armas para las guerras ?tnicas de dictadorzuelos sin escr?pulos y cargaban pescado para gourmets con el gusto estragado. Cumpliendo la ley de oro del periodismo, observar e indagar, ante la c?mara desfilan las prostitutas negras que solazan a los pilotos rusos, los propios pilotos (algunas declaraciones suyas son impagables) y un mundo exterior, el africano, azotado por la miseria, el sida y la explotaci?n. Un cinismo globalizado.

La Vanguardia

La pesadilla de Darwin
Enviado por kc el 2005-07-05 23:45:38
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Conviene preparar el terreno al documental?mano incauto que salte, de oca a oca ?minisalera?, de disfrutar de la pirotecnia ?ma non troppo? de ?CSA? al mism?simo coraz?n de las tinieblas de esta ?pesadilla? que es en realidad pescadilla mordiente y moliente. Porque lo que aqu? se cuece y caldea en crudo tiene menos matices que el ?hecho gestual? de Tom Cruise (incluyendo ?Vanilla sky?): sencillamente, uno de los comercios m?s siniestros y, lo peor, habituales que hunde sus garras en la carne blanda del ?frica profunda. T? me das cien pescaditos sabrosos criados en el lago Victoria, y yo te mando por avi?n un kalashnikov barato fabricado al lado de la churrer?a de los yak-42. Como se puede imaginar, el cat?logo de miserias, bilis, y callejones sin salida derivados de este comercio (o merienda de negros, sin ?nimo de faltar) podr?an empapelar la muralla china. As? que Hubert Sauper, a pesar de ser tirol?s de nacimiento, prefiere no andarse con falsetes sino sencillamente plantar una c?mara en cada meandro y esquinazo del r?o y dejar que canten los peces voladores y can?bales.

No es f?cil mantener el tipo ni casi la cordura ante algunas im?genes y vidas que desfilan ante nuestros ojos miopes occidentales. Ni?os y madres tanzanos carcomidos por el sida y otras mil pestes, fantasmales prostitutas de ?a diez d?lares la noche?, sarnosos pilotos invertebrados a los que s?lo les funciona el hueso genital, vigilantes nocturnos con ojos de zombi de ?La legi?n de los hombres sin alma?, pol?ticos, inspectores y pastores que hacen la vista gorda... y todo tapizado por millones de esqueletos de percas del Nilo que podr?an servir para renovar la imagen de cualquier diccionario en la voz ?panorama dantesco?. Y ni atisbo de denuncia, moralina o manipulaci?n ?a la americana?. Nada de mostrar al ?enemigo? armado hasta los dientes. Ni siquiera un casquillo furtivo. Solo un pu?ado de impactos visuales que dejar?an el ?shock art? de Damien Hirst a la altura de un cuadrito de miga de pan. Y lo m?s terrible es comprobar que, como apunt?bamos arriba, la pescadilla se sigue mascando la cola cuando vemos a un pobre ciudadano piando por una guerra sanadora que echarse a la boca desdentada, puro abanderado de aquella ?energ?a de los esclavos? que rimara Cohen. Como un p?jaro en un alambre, s?, pero embadurnado de alquitr?n y sin posibilidad de mover las alas ni mucho menos alzar el vuelo. Lo dicho, nada nuevo en el acuario estancado: el pez grande se come al chico y luego a s? mismo. Total, todos est?n podridos hasta las raspas...

Abc

La pesadilla de Darwin
Enviado por kc el 2005-07-05 23:44:03
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El documentalista Hubert Sauper se encontraba en 1997 rodando Kisangani diary, filme sobre los ruandeses que buscaron refugio al estallar una revuelta en el Congo. Un avi?n procedente de Europa aterriz? con una carga estimada de 45 toneladas de guisantes para alimentar a los refugiados. Un segundo avi?n despeg? casi al mismo tiempo hacia Europa, con 50 toneladas de pescado fresco procedente del lago Victoria, en Tanzania, en sus dep?sitos.
El primer avi?n estaba pilotado por rusos. Sauper se hizo amigo de ellos "y descubr? que la carga de guisantes para alimentar a los refugiados tambi?n conten?a un espacio para armas. Y ?stas, muy probablemente, eran utilizadas para asesinar durante la noche a los refugiados".
Sobre esta sangrienta paradoja se articula el discurso de La pesadilla de Darwin, un documental at?pico, ya que sigue muchas l?neas de trabajo y deja que las im?genes hablen por s? solas. El punto de partida es la destrucci?n de las especies del lago Victoria a causa de un experimento desarrollado en los 60: se introdujo la llamada perca del Nilo en sus aguas, y su voracidad depredadora alter? por completo el sistema.
El pescado fresco que se exporta de Tanzania, uno de los pa?ses africanos con m?s ?ndice de pobreza y carencia de alimentos b?sicos, es precisamente la gigantesca perca del Nilo. El filme desarrolla esta situaci?n y muestra im?genes dantescas: el pescado es limpiado y fileteado para ser enviados a los mercados europeos, mientras que los despojos son abandonados en zonas alejadas de la ciudad donde el resto de carne agusanada y las cabezas fritas sirven de alimento a la poblaci?n. Otro tema es el del tr?fico de armas. El rudimentario aeropuerto de Tanzania es el puente de entrada para las armas y munici?n con destino a las guerras africanas. Eso si, escondidas entre latas de guisantes que nunca llegan a quienes las necesitan.

El Periodico