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Munich
Aunque no sea Mr. Spielberg director de mi devoci?n, llegu? a la sala de cine con la esperanza de ver un buen film condicionado por lo que hab?a le?do en la prensa: que no me hallaba ante el t?pico producto Spielberg de predilecci?n por lo almibarado, los h?roes ejemplares y los finales felices, esas costumbres que han desbaratado probables obras maestras como Inteligencia Artificial o Minority Report, sino ante un ejercicio sobrio, crudo y magistral.
El director jud?o nos cuenta a lo largo de casi tres horas el transcurrir de la misi?n secreta de asesinar a los miembros del grupo Septiembre Negro responsables de los asesinatos de los atletas israel?es en las Olimpiadas de Munich?72 encomendada a un agente especial del temible Mossad, el servicio secreto israel?.
Pero la cosa no resulta y se alarga y se alarga? y se alarga, y uno m?s que pensar en si es posible la resoluci?n del eterno conflicto entre jud?os y palestinos o plantearse dedicar el resto de sus d?as a luchar por la paz mundial, se centra m?s en otros motivos mientras mira el reloj, y recuerda la m?xima del gran Alfred Hitchcock, que la duraci?n de una pel?cula es directamente proporcional a la resistencia de la vejiga humana.
?La Terminal?, ?Atr?pame si puedes?, ?La guerra de los Mundos?, y ahora esto... ?Vaya racha llevamos, Mr. Spielberg!
daniel
Añadido: January 23rd 2006 Escrito por: kc Resultado:    Lecturas: 721 Idioma:
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Munich Enviado por kc el 2006-01-30 00:47:57 Tu marcador:    
Desde aquella peque?a maravilla llamada El diablo sobre ruedas,un telefilme cuya calidad le permiti? acceder a las salas comerciales y que encumbr? a su autor en 1971, Steven Spielberg ha venido fluctuando entre las superproducciones de enorme ?xito y espor?dicos intentos por asumir propuestas arriesgadas. En ambos casos ha demostrado ser uno de los mejores cineastas norteamericanos contempor?neos. Por su pulso narrativo y su gran capacidad para fusionar g?neros y estilos.
Tras sus decepcionantes La terminal y La guerra de los mundos,Spielberg se pone serio en Munich.Si en 1993 fue bendecido con una lluvia de Oscar por La lista de Schindler,impresionante y nada hagiogr?fica visi?n f?lmica del holocausto, este cineasta inequ?vocamente jud?o hurga ahora en un pasado reciente.
Que Munich llegue en momentos de alta tensi?n en Palestina con la victoria de Hamas resulta ilustrativo de la actualidad de esta pel?cula que aborda la implacable venganza, conocida como operaci?n C?lera de Dios, emprendida por el gobierno israel? contra los responsables de la masacre perpetrada por la organizaci?n terrorista palestina Septiembre Negro en los Juegos Ol?mpicos celebrados en Munich en 1972.
Quedar?n defraudados quienes esperen una pel?cula superficialmente espectacular. Spielberg combina en Munich los c?digos narrativos del thriller, el cine de espionaje, el melodrama, el documental y hasta un cine pol?tico de car?cter revulsivo. Tanto, que su pel?cula no ha gustado a jud?os ni a palestinos. Buena se?al. Tampoco a George Jonas, autor de Venganza,novela en que se inspira y que en 1986 ya fue adaptada para televisi?n con el t?tulo de La espada de Gede?n.
El drama de la ley del Tali?n est? aqu? personificado en el protagonista, hijo de un h?roe israel? y ?l mismo guardaespaldas de Golda Meir, que le encargar? personalmente la misi?n de formar un comando que extermine en Europa a los responsables del atentado de Munich. Un comando fantasma - sobre el papel, fuera del Mossad- que recibe (pagando doscientos mil d?lares por cabeza cortada) informaci?n de cada implicado por parte de una familia francesa que recuerda a la de El Padrino,uno de los grandes hallazgos del filme. El progresivo infierno en que se ve inmerso el antih?roe protagonista viene a demostrar - y ?sa es la tesis de una pel?cula valiente y rebelde- que el terrorismo y el asesinato pol?tico nunca est?n justificados desde la convicci?n moral.
LaVanguardia
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Munich Enviado por kc el 2006-01-28 11:02:51 Tu marcador:    
En su doble faceta de maestro certero y comerciante cinematogr?fico, Spielberg sigue en su l?nea de narrador dram?tico gracias a esta notable producci?n.
Con ella pretende tocar la fibra sensible al tomar los tr?gicos acontecimientos ocurridos durante los Juegos Ol?mpicos de 1972 como excusa para narrar el dilema moral que se plantea un hombre cuyo principal objetivo es matar.
Dentro de su amplia filmograf?a, Munich entronca con t?tulos m?s comprometidos con la historia (La lista de Schindler, Salvar al soldado Ryan), es menos as?ptico que los anteriores (Atr?pame si puedes, La terminal) y se aleja de la ciencia ficci?n (Inteligencia artificial, La guerra de los mundos). Con tantos millones de d?lares de presupuesto, un reparto donde hay caras australianas (Rush y Bana), brit?nicas (Craig, el nuevo James Bond) y europeas (Kassovitz y Zischler, vistos en Am?n), y el trabajo en tantas cintas en las que ha practicado la relaci?n causa-efecto, el mago de la industria no deber?a encontrar problemas a la hora de sumergirnos de lleno en su particular visi?n de la respuesta israel?, la operaci?n ''C?lera de Dios'', a la matanza provocada por los terroristas del autodenominado Septiembre Negro.
Munich logra acongojar, emocionar y abrir el debate, aunque presenta algunos puntos negros, como la duraci?n excesiva, el punto c?mico que a veces resulta desmedido y el tratamiento t?cnico de algunos de los asesinatos perpetrados en la cinta, demasiados y muy violentos. Son esos aspectos precisamente los que demuestran c?mo se inclina Spielberg por el cine comercial (no olvidemos que es el avispado productor de La m?scara del Zorro, Shrek, Memorias de una geisha, etc.), pero algo que le dignifica es que, lejos de buscar una trama que no incomode demasiado, hurga en la hemeroteca y redescubre un hecho a los desmemoriados, servido, eso s?, en un plato cocinado con la experiencia audiovisual acumulada tras cuatro d?cadas de trabajo y aderezado con mucha ficci?n de cosecha propia.
?Es un s?ntoma de madurez que se rodee de profesionales ajenos al glamour y la mec?nica de los grandes estudios? Recurre Spielberg a un interesante escritor, de nombre Tony Kushner, cuyas obras de teatro se estrenan en los circuitos alternativos de media Europa, llegando a Broadway las menos minoritarias, como Angels in America. Es uno de los que firman el gui?n de Munich, inspirado en el libro La venganza: relato ver?dico de una misi?n terrorista israel? aunque su autor, George Jonas, se apresurase a decir que ambas obras poco tienen que ver. Pone el ojo en la eterna separaci?n entre extremistas, en este caso sionistas y palestinos, cuestiona la acci?n policial de los alemanes durante el secuestro y apunta alto hacia lo que se conoce como ''terrorismo de Estado''. Spielberg no deja t?tere con cabeza, pero lo cierto es que ?l s?lo se aprovecha de la historia para narrar, de forma certera y con maestr?a formal, el debate que tiene lugar en la mente de un hombre al que ordenan matar sin cuestionarse el porqu? y acaba experimentando las graves consecuencias de esos actos.
Es as? como equilibra la balanza, inyectando moralina a las relaciones entre unos y otros para que no seamos capaces de distinguir a los buenos de los malos y poniendo en primer plano a v?ctimas que para otros pasar?an desapercibidas, como la mujer del h?roe-villano, una jud?a condenada al exilio interpretada por Ayelet Zurer (Las tragedias de Nina).
Por encima de las oraciones por la paz del cuentacuentos mimado por Hollywood, Munich recupera el g?nero de esp?as tan popular en los a?os 70 (Chacal), aunque las separa una estructura un tanto reiterativa y una visi?n h?bil que termina deform?ndose en momentos puntuales, cuando acude a montajes de im?genes un tanto peliagudos (reconocer?n la secuencia en cuesti?n) e incluye planos efectistas, de esos que suelen gustar a todos.
Texto Daniel Galindo Fr?as
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Munich Enviado por kc el 2006-01-27 18:12:13 Tu marcador:   
Cualquier mirada sobre esta pel?cula de Spielberg tendr? ya como objetivo prioritario (y en ocasiones, ?nico) el medir, pesar, calibrar el lugar exacto, al mil?metro, en el que se sit?a ante el conflicto (guerra) entre palestinos e israel?es. Hasta ahora, a Spielberg le han disparado desde las dos trincheras. El libreto que propone no merec?a menos: presentar, primero, a los asesinos de Septiembre Negro que masacraron con frialdad de serpiente a once atletas jud?os durante los Juegos Ol?mpicos de M?nich; y presentar, despu?s, a los asesinos jud?os que prepararon y realizaron la r?plica (?Venganza? se llama el libro en el que est? basado) en otros tantos dirigentes palestinos que operaban en distintos puntos de Europa, con un inolvidable y crucial ?postizo?: estos asesinatos se organizaron al amparo de las m?s altas instancias del Estado de Israel de forma tan evidente como inconfesable.
Bien, todo esto est? contemplado en las intenciones y en la pel?cula de Spielberg, pero, l?gicamente, est? contemplado no desde el centro del universo, sino desde un lugar muy concreto: el ser jud?o, que debiera ser un lugar tan apreciable como cualquier otro para intentar ver las cosas con amplitud.
La mirada de Spielberg hacia el terrorismo palestino es p?trea, intransigente, tal y como debe ser hacia cualquier terrorismo, y cuenta los asesinatos de los atletas de un modo directo, cruel, period?stico, donde se mezcla la entrevista con el reportaje y las im?genes ficticias con las m?s ?veristas? de la televisi?n. La mirada posterior a la ?venganza? israel? es al tiempo clara (su mensaje es inequ?voco: el ?contraterrorismo? no aporta ventajas y diluye una supuesta superioridad moral) y de temperatura m?s c?lida: el protagonista, Avner (Eric Bana), tiene un coraz?n y una moral, y se los muestra al p?blico, del mismo modo que los del resto del comando terrorista israel?...
Y tambi?n es evidente que Spielberg filma los atentados del comando israel? de un modo diametralmente distinto: m?s cinematogr?ficos, m?s ficticios, hollywoodienses, quit?ndole de ese modo esquirlas del hierro de la realidad... Y que no puede evitar un ?falsh-back? constante que delimite los territorios morales, y al presente vuelven con insistencia las im?genes del asesinato de los atletas.
La pel?cula llega hasta donde se pretende: la ineficacia de ese punto del C?digo de Hammurabi que se conoce como la Ley del Tali?n; ese inagotable ojo por ojo que nos aboca a un absurdo mundo tuerto. Lo dice la historia y lo sentimos en las pesadumbres y penitencias del protagonista, acosado por mil fuerzas oscuras y difusas.
Y todo este complejo mundo interior y las bifurcaciones morales que pugnan en la pel?cula (y en la cabeza) de Spielberg est?n en cierto modo reflejados en su forma y en su estructura. Adem?s de la mencionada manera opuesta de filmar, o contar, los asesinatos palestinos y jud?os, se aprecia en las dudas que trasluce como pel?cula de intriga y en un ?tic? algo mec?nico en el modo de resolver las escenas de acci?n. Cambios de ritmo, hilos sueltos, personajes sin pulir (su amigo Andreas), saltos m?s all? de la mera elipsis... En definitiva, la sensaci?n de que Spielberg la ha rodado con el bot?n del cuello de la camisa demasiado prieto.
Abc
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Munich Enviado por kc el 2006-01-27 18:07:19 Tu marcador:    
Hay que aplaudir a rabiar el gesto pol?tico del cineasta m?s poderoso del mundo (y que nos perdone Peter Jackson). A estas alturas, cuando Spielberg podr?a acomodarse sobre las nubes de su reino mainstream criando fama y ech?ndose a dormir, parece empecinado en utilizar su omnipotencia para cuestionarse a s? mismo y a todo lo que le rodea. No solo sigue oscureciendo sensiblemente el tono de su cine, sino que se arriesga a ponerle peros a la postura ideol?gica de los jud?os en el conflicto palestino. Es verdad que en Munich todos tienen sus razones, pero nadie se atrever? a negar que, desde la perspectiva de un director m?s que consolidado en la industria de Hollywood, Spielberg ha puesto toda la carne (hebrea) en el asador sin perder de vista sus rasgos autorales. Esto es, la guerra entre dos pueblos se reduce a una cuesti?n de encontrar un hogar, una familia, un espacio que nos sirva de ant?doto contra nuestra sensaci?n de eterno desamparo.
Arrancando en el famoso secuestro de las Olimpiadas de Munich de 1972, Spielberg se centra en la venganza del pueblo jud?o contra los palestinos que organizaron tama?a masacre. El l?der del comando israelita es un h?roe a su pesar (un conmovedor Eric Bana), el t?pico ni?o abandonado tan caro al cine del director de E.T. El extraterrestre, dominado por la figura de un padre ausente (luego sucesivamente sustituido por familias disfuncionales de lo m?s pintorescas) y una madre que se encarna en la primera ministra Golda Meir y en la misma naci?n de Israel. La crudeza con que Spielberg retrata el descenso a los infiernos (o la toma de conciencia) de su protagonista est? heredada tanto de la sequedad expositiva de las pel?culas de esp?as de los a?os 70 (de Odessa a Domingo Negro) como del cine de Hitchcock, al que homenajea en una secuencia que demuestra su madurez en el dominio del espacio f?lmico. No estamos, en definitiva, tan lejos de Topaz, aunque las conclusiones pol?ticas de Spielberg son m?s radicales que las del mago del suspense: c?mo, si no, podr?a haber rodado el asesinato de una sicaria con esa ruda frialdad, oblig?ndonos a entender que matar no es una cuesti?n ideol?gica sino moral y que el fin nunca justifica los medios, ni en el bando de los vencidos ni en el de los vencedores.
Para los que dudan de la radicalidad del ?ltimo cine de Spielberg.
Lo mejor: su osad?a pol?tica.
Lo peor: la trama, algo repetitiva, tiene una estructura demasiado mec?nica.
Fotogramas
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Munich Enviado por kc el 2006-01-26 19:59:18 Tu marcador:   
No se puede culpar a Steven Spielberg por no cerrar satisfactoriamente su pel?cula "Munich", porque nadie puede efectivamente dar una respuesta simple al tema de la violencia entre palestinos e israel?es. Tampoco puede culparse al director por haberlo intentado, sobre todo despu?s del loable ejercicio que hace el director, durante todo el desarrollo del film, por describir la absurdidad de la violencia que engendra m?s violencia. Cada vez que Steven Spielberg hace una pel?cula "seria" es recibido con escepticismo; el p?blico parece reticente a perdonarle sus peque?as debilidades sentimentales, como los ?ltimos cinco minutos de "La lista de Schindler", a pesar de la grandeza de las casi tres horas que preced?an su ep?logo. "Munich" es una pel?cula dif?cil de clasificar, que incomoda por su ambivalencia, y es de aqu? de donde se puede extraer lo que el filme tiene de obra maestra. Pedir mayor claridad moral a su director ser?a una canallada y una hipocres?a, porque lo que Spielberg hace en "Munich" queda muy lejos de intentar sentar c?tedra: la pel?cula exige al espectador desprenderse de sus prejuicios, as? como suspender el juicio y su tendenciosidad durante al menos la duraci?n del filme, como ?nica respuesta al cese de la violencia. Es inevitable juzgar este filme en dos niveles: desde el comienzo estamos en las manos m?gicas de un narrador espectacular, con una aparente facilidad para conseguir las im?genes m?s poderosas y hacer que todos los elementos de su trabajo encajen gloriosamente. Pero es demasiado pronto para juzgar la calidad moral ?ltima del filme: el tiempo la pondr? en su lugar, y seguramente se considerar? a Spielberg como uno de los directores m?s valientes de estos tiempos. "Munich" no da soluciones, pero se atreve a poner en celuloide uno de los conflictos m?s dif?ciles por los que atraviesa la humanidad: Spielberg hace general la cuesti?n palestino-israel?, obligando a los espectadores de cualquier nacionalidad a sentirse implicados y en cierto modo responsables por el mantenimiento de la violencia, igual que hiciera hace m?s de una d?cada con el tema del Holocausto en "La lista de Schindler". Es "Munich" un film lleno de dolor, el m?s angustiante de la carrera del cineasta americano, pero tambi?n lleno de m?s grandeza de la que probablemente podamos entender.
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