En un futuro no muy lejano (y de poco trabajada direcci?n art?stica), las clases pudientes hacen que a sus hijos les implanten al nacer una especie de caja negra en el cerebro para que, a su muerte, sea posible elaborar un v?deo con lo m?s destacado de sus vidas. El invento anima una barbaridad los funerales y, en manos de un montador experto y sin escr?pulos, permite elaborar aut?nticas hagiograf?as, cercanas al No-Do, pero grabadas desde el punto de vista del protagonista, como ?La dama del lago?. Robin Williams es el manipulador n?mero uno, sin ceceo ni nada, hasta que en uno de sus trabajos descubre a un personaje de su propio pasado y aquello desencadena un aut?ntico berenjenal, con Jim Caviezel d. C. intentando enredar.
Sin ser nueva, la idea es original, con implicaciones apasionantes. Llama la atenci?n que uno de sus principales defectos sea el montaje, debido a la pereza con que se utilizan las tijeras de podar. El gui?n falla tambi?n en su amago de plantear las rid?culas leyes del montador, como si Asimov hubiera improvisado las de sus robots, as? como en el esbozo de los personajes. S?lo el que encarna Williams, construido a partir de un t?pico y tramposo trauma infantil, tiene fondo de armario, aunque el actor repesca m?s de un tic de sus ?Retratos de una obsesi?n?. Dejemos para el final la disparatada oposici?n al sistema, los rebeldes anti-implante que bajo el lema ?Recuerda por ti mismo? y ?Abre tus ojos? (Amen?bar, qu? ?xito el tuyo tambi?n tierra adentro) se manifiestan contra la esencia misma de la pel?cula.
Texto "abc" por Federico Marin