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Un escalofrio 2ª parte

 
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MensajePublicado: Vie Ago 19, 2005 5:00 pm    Asunto: Un escalofrio 2? parte Responder citando

Mi mano, temblorosa, apart? la s?bana blanca de Claudia. Lentamente y atrapado por el miedo descubr? un colgante dorado... lo cog? y Claudia y yo lo miramos con atenci?n. Descubr? q ten?a un peque?o resorte a un lado, lo apret? y un destello de luz blanca ilumin? la habitaci?n. Poco a poco se extingui?, y me d? cuenta de lo que, una figura con forma humana que hab?a aparecido derepente en la cama y se hab?a desvanecido como el polvo, me hab?a entregado. Dentro del peque?o colgante hab?a una foto de mi madre.

Me qued? mirando la foto y una l?grima se dej? caer por mi mejilla. Claudia, muy callada se acerc? a m? y observ? la foto.

-?Qui?n es?- me pregunt?.
-Es... mi madre...-respond? yo en medio de un suspiro.

Ella levant? la mirada. Ahora me miraba a m?, se qued? un rato inm?vil, mir?ndome. Me puso la mano en mi mejilla y me limpi? las l?grimas. La mir? y, como si nos hubieramos puesto de acuerdo, nos besamos.

La puerta de la habitaci?n chirri? y encaramos la puerta. Todo estaba muy oscuro, como si se hubiese ido la luz, o algo parecido. Era de noche, no sab?amos que hora era. Miramos por la ventana y observamos q todas las luces del pueblo estaban apagadas, incluso las farolas de la calle. Una brisa acelerada entr? por la ventana y la cerr? de golpe. Claudia y yo nos pusimos de pie.

-?Y ahora qu? vamos a hacer?- me pregunt?.
-No tengo ni idea. ?Qu? significar? el mensaje que nos dio la ouija? Tu respuesta no est? en esta vida... ?A caso nos esperan m?s vidas despu?s de esta? ?A caso la reencarnaci?n es posible?
-Yo no me preguntar?a tanto sobre esos temas.-dijo ella.
-?Por qu? no?-le pregunt?. Y ella contest?.-Bueno, en realidad esas preguntas te las podr?s hacer en las dem?s vidas, si es que hay. Hay que vivir esta como si fuese la ?nica y... todas las preguntas que has hecho me parecen muy absurdas. A mi me inquieta m?s...-se qued? callada pensativa.
-?A ti te inquieta m?s...?
-A mi me inquieta m?s saber con qui?n nos comunicamos con la ouija.

De repente volvi? la luz. Se ilumin? la habitaci?n y todo parec?a m?s seguro. Decidimos salir a la calle a comprobar q todo iba bien. Al salir nos quedamos perplejos...

Todos, absolutamente todos los habitantes del pueblo estaban fuera de sus casas, pero de una forma muy extra?a. Todos se encontraban alineados a las puertas de sus casas cabizbajos, como si estuviesen arrepentidos de algo. Las luces no iluminaban sus ojos, estaban tapados con una extra?a sombra que nos imped?a ver sus caras. Las puertas estaban abiertas y tambi?n de par en par las ventanas. Todo era muy extra?o.

-?Qu? les pasa?-dije.
-No lo s?, pero no me gusta nada.
-A mi tampoco, v?monos.

Dicho esto todos las personas que estaban a la vista en esa calle hicieron un repentino gesto de cabeza y simult?neamente nos miraron a Claudia y a m?. Muy despacio, nos dirigimos a la calle donde la noche anterior hab?a dejado aparcada la furgoneta pero, para mi sorpresa, ya no estaba all?. Alguien, o algo, se la hab?a llevado. Nos encontrabamos en la calle que estaba justo debajo del mirador del pueblo, as? que las barandillas del mirador daban directamente sobre nuestras cabezas. Un ruido estrepitoso de pisadas se uni? en una sola pisada, como una marcha. Proven?a del mirador y poco a poco m?s habitantes del pueblo fueron asomando las cabezas por las barandillas. Algunos amigos m?os estaban entre ellos. Todos nos miraban a Claudia y a mi. Ella se volvi? a aferrar a mi brazo. Empezamos a andar hacia atr?s, at?nitos por lo que estaba ocurriendo, pero otro grupo de ellos nos sorprendi? por detr?s y nos hicieron pararnos. Claudia y yo no ten?amos escapatoria. Yo me tem?a lo peor...

Parec?a q no ten?an vida, no eran los mismos vecinos que yo conoc?a, y andaban de esa forma tan extra?a, sin mover los brazos y susurrano palabras extra?as a nuestros o?dos. Comenzaron a acercarse, por una calle y por otra, bajaron la pared q llegaba hasta las barandillas del mirador como ara?as. Nos rodearon lentamente y cada vez se iban acercando m?s y m?s. Claudia y yo nos abraz?bamos, como si fuesemos las ?ltimas personas que se abrazar?an en este mundo. El espacio se iba estrechando entre ellos y nosotros y una vez pudimos oler su aliento se pararon. Parec?an extra?os, respiraban simultaneamente... como si todos fuesen uno solo. No tan?an ojos, y si los ten?an una luz oscura, imposible de explicar con otras palabras, le cubr?a la mirada. Todos muy p?lidos, e inm?viles, se callaron. Apret? el colgante de oro.

-?Pase lo que pase, Claudia, me alegro que pase junto a t??-pens?.
-Yo tambi?n lo pienso as?...-pronunci? Claudia.
Me qued? mir?ndola at?nito...?como demonios me hab?a escuchado? Los dos cerramos los ojos y nos apretamos muy fuerte. Esperamos unos segundos y no pas? nada. Muy lentamente abrimos los ojos y ya no estaban, las luces se hab?an vuelto a apagar y no hab?a ni un ruido. Nos abrazamos de nuevo y nos besamos.

-No aguanto m?s.-digo ella.
-Yo tampoco, no me importa averiguar lo del colgante de mi madre ni nada parecido, solo quiero irme de este pueblo.-contest?.
-Vamos a buscar la furgoneta.
-?Vamos!

No se ve?a apenas nada. Las nubes hab?an cubierto la escasa luz de la Luna y no ten?amos linternas. Pr?cticamente a ciegas, pero ya acostumbrados a la oscuridad buscamos la furgoneta por todas las calles. Pasamos por la cl?nica y entramos para recoger a mi abuelo...

LA CL?NICA
En la cl?nica hac?a mucho fr?o, y un completo desorden abarcaba todo el lugar. Las puertas estaban pr?cticamente destruidas y los cristales de las ventanas rajados. Todas las plantas, que antes daban alegr?a y esperanza de vida, ahora se hab?an marchitado y todas estaban muertas, ofreciendo al ambiente un terrible sentimiento de muerte y agon?a. Subimos al primer piso, que fue donde mi abuelo se recuperaba del h?gado. No hab?a nada de luz, pero por arte de magia alguien hab?a olvidado o hab?a dejado para nosotros un peque?o candil de parafina y unas cerillas. Cogimos el candil y en ese preciso instante volvi? a empezar. Comenz? a hacer un fr?o horrible, y se o?an ruidos de ventanas estamp?ndose por el viento. Ansiosos, Claudia y yo intentamos encender el candil sin existo. Tras unos intentos a oscuras conseguimos encender el candil, y justo en el instante en el que la llama se hac?a m?s viva sentimos una presencia detr?s de nosotros... Nos agarramos la mano y miramos hacia atr?s pero ya no estaba... o quiz?s no hab?a nadie. De nuevo miramos hacia delante y nos quedamos congelados...

Una silueta de mujer, iluminada ?nicamente por la luz naranja del candil, permanec?a inm?vil en el otro extremo del pasillo. Ten?a algo en la mano, no me di cuenta de lo que era hasta que reflejo la luz del candil. Un terror?fico cuchillo. Nos quedamos mir?ndola, esperando que hiciese el primer movimiento.

-Edu, ?qu? va a pasar?
-No lo s?, esperemos a ver que pasa.

La silueta de la mujer segu?a inm?vil, parec?a vestida con un pijama blanco de hospital que le quedaba grande, y su pelo, casi rizado, parec?a sucio y grasiento. Aunque pareciese raro, empec? a pensar que ella no se mover?a. Nos pusimos en cuclillas y, apoyados en la pared, nos aproximamos a la habitaci?n de mi abuelo. Recordaba perfectamente la habitaci?n: la habitaci?n 12.
Llegamos a mitad del pasillo, y ech? una ojeada dentro de la habitaci?n: no hab?a nadie.
De repente un sonido hueco me hizo mirar de nuevo al pasillo y me di cuenta que la silueta hab?a comenzado a andar apresuradamente... Las distancias se acortaban entre Claudia y yo y el cuchillo de aquella silueta. Intentando escapar, Claudia y yo nos tropezamos y ca?mos al suelo, en ese momento, Ella lanz? el cuchillo.

En ese momento, fue cuando ?pas? mi vida por delante de mis ojos?, reflejada en aquel cuchillo que daba vueltas en el aire. Sin dudarlo, cubr? el cuerpo de Claudia con el m?o y esper? esos segundos tan largos la acuchillada. Su cuerpo debajo del m?o estaba seguro. Con una expresi?n de dolor e impotencia me mir? a los ojos y pens?: ?Te quiero?. Y yo s? que ella pens?: ?Yo a ti tambi?n te quiero?.

La luz se apag? sin ning?n dolor, solo sent?a el cuerpo de Claudia debajo del m?o. Y una vez muerto pens?: ?Se acab?, todo ha terminado.?

-?Edu? ?Edu!
-?Qu?! ?Qu?!- grit?.
-?Est?s bien?- me pregunt? Claudia.
-?No he muerto?- grit?, me incorpor? y me apoy? en la pared. Cog? la caja de cerillas, encend?a una, y pude contemplar el candil de parafina destrozado. Aquella mujer le hab?a lanzado el cuchillo al candil de parafina, pero: ?c?mo sab?a ella que el candil estar?a en el sitio donde cay? en el momento en el que yo cubr?a Claudia?

Salimos de all? corriendo porque yo ya daba por perdido a mi abuelo, corrimos por las calles del pueblo hacia la casa. Comenzaba a salir el Sol, y el cielo tomaba un tono azul celeste que anunciaba la llegada de la ma?ana.


No es la mejor pero a mi me ha molado.

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