kc Moderador


Registrado: May 14, 2004 Mensajes: 2549 Ubicación: Pallej? city
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Publicado: Dom Ago 07, 2005 12:34 am Asunto: Frank Miller / Sin City el comic |
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En la ?ltima d?cada del siglo XX, Frank Miller se hab?a encaramado en lo alto de la atalaya del prestigio. Con un dibujo que evoca los contrastes de Caniff y Toth, la soltura del pincel de Pratt y la realidad deformada de Breccia se reencuentra como autor completo. Un reencuentro en la simplificaci?n, en soltar lastres y en donde no tienen cabida ni entintadores, ni coloristas, ni estrellas gr?ficas de primer orden.
Miller a la izquierda, junto al director Robert Rodriguez durante el estrenos en USA de la version cinematrogafrica del comic.
Introducci?n.
Cuando Frank Miller se da el paseo por el mainstream, paseo que por otra parte remodela los m?rgenes est?ticos del estilo superheroico, alcanza la categor?a de autor m?tico. Argumentaciones sostenidas, narraci?n concisa, relato en primera persona, drama ?pico y enfoques crepusculares enmascaran con creces sus carencias pl?sticas. Si a ello le a?adimos dise?os innovadores (Daredevil y Batman Year One), coloraciones de lujo realizadas por su esposa Lynn Varley (Ronin, Dark Knight, Elektra Lives Again) cuando no una realizaci?n gr?fica en manos de estrellas del dibujo (Romita Jr., Mazzuchelli o Sienkiewicz) sus obras se sit?an en est?ndares ?nicos muy dif?ciles de superar. Un engranaje perfecto entre la porci?n literaria y conceptual del c?mic, entre la calidad y la comercialidad.
Ese devenir por las grandes editoriales (Marvel y DC) fija una nueva perspectiva del g?nero que por otra parte siempre demanda revisiones constantes que retrasen su agotamiento est?tico. Ensancha el cerrado y circunscrito libro de estilo del ?g?nero sacro? (el superheroico claro, entendido as? en EE UU) con la ?nica premisa de ampliar las argumentaciones a conceptos m?s universales. Algo m?s que las simples peleas incruentas entre buenos y malos. En definitiva, historias en la que los grandes temas campen- o al menos lo intenten- sin trabas.
La personalidad de Miller y el concepto empresarial de las grandes editoriales son realidades de dif?cil comuni?n por lo que el matrimonio terminar? rompi?ndose. Entre las causas que facilitan el ?divorcio? se encuentran la censura y la dificultad empresarial de tratar a los autores como lo que son, en vez de c?mo asalariados, apropi?ndose y manipulando las ideas y personajes de una manera distinta a la impuesta por su (?leg?timo?) creador (el famoso caso de Elektra). La causa determinante es el hast?o del propio Miller y la constante b?squeda de pastos m?s verdes donde pueda dar rienda suelta a su contenida rebeld?a (no fue el caso de su paso por la industria cinematogr?fica, en donde debi? de salir m?s escaldado que entr? tras la escritura de las dos secuelas de Robocop). Ni ha sido el primero, ni probablemente el ?ltimo de los rebeldes.
En los a?os noventa, pone su dilatado y personal saber creativo en la entonces emergente e ?independiente? Dark Horse, escribiendo originales guiones para Dave Gibbons (miniseries de Martha Washington) y para Geoff Darrow (Hard Boiled) obras que no superan sus grandes trabajos en el circuito principal. El gusanillo de ser el propietario de su obra (tampoco ser? el primero, ni el ?ltimo) le corroe por lo que h?bilmente inspira una asociaci?n formada por otros prestigiosos autores del mainstream con inquietudes similares (siempre y cuando sean como m?nimo dibujantes, sino autores completos). El producto nacido de aquel parto se llama Legend y emerge con la suficiente independencia para editar en Dark Horse o cualquier otra empresa, en asociaci?n o independencia, siendo los autores propietarios de su obra en su acepci?n m?s gen?rica. John Byrne, el otro de los principales impulsores, lo define como sello flotante. La n?mina inicial de Legend, la integran adem?s de los citados, o sea sus inspiradores, un registro de los autores m?s prestigiados de la ?ltima d?cada del pasado siglo como son Arthur Adams, Dave Gibbons, Geoff Darrow, Paul Chadwick, Mike Mignola, a la que pronto se unir? Mike Alred. Las escasas obras que lucen el emblema son publicadas por Dark Horse, as? como la m?s emblem?tica, Sin City, el ?ltimo de los grandes trabajos de Miller en una carrera cuajada de ?xitos. Su integraci?n en Legend es a partir del segundo t?tulo A Dame to Kill For publicada como serie limitada en comic books de noviembre de 1993 a mayo de 1994.1
El culto al exceso.
Sin City es la condensaci?n est?tica e ideol?gica, de su creador en un trabajo personal, arriesgado por una dif?cil figuraci?n gr?fica, y ajeno por completo a muchos de los conceptos del mainstream. No s?lo a una ag?nica censura, vulnerada en todo su ideario, sino a una buena parte del ep?tome comercial del c?mic estadounidense. Obras en blanco y negro con dibujos y diagramaci?n desabrida, narrativa muy densa pese a su simplicidad con exceso de texto y m?dulos de edici?n muy variados que incluyen desde serializaciones en magazines (?Sin City?, propiamente dicha en Dark Horse Presents en los n?meros publicados entre enero y diciembre de 1992), limitadas en comic book (A Dame to Kill For, The Big Fat Kill, That Yellow Bastard y Hell's Back), libros (Family Values) y ejemplares unitarios con historias cortas o exageradamente cortas, tanto en distribuciones one shots como en otras publicaciones de intencionalidad promocional (como por ejemplo Wizard).
Pero Frank Miller no s?lo se muestra excesivo en los aspectos formales. Su proyecci?n conceptual es hacia lo extremo tanto en su tem?tica (sexo y violencia) como en su ideolog?a muy en contacto con posturas (?fascistas?) radicales. El ser humano avanza hacia su grandeza a base de amplificar su individualidad y derivar su trayecto hacia la gloria o el honor. Un c?digo de nobles samur?is realizado por proletarios y desde aspectos populistas que lo equiparan al pensamiento de los grandes santones de la extrema derecha desde su acepci?n m?s abstracta. Una concepci?n del superhombre mitad heroica y mitad rid?cula. La proyecci?n m?s criptofascista de su obra se aprecia en todo su esplendor en la valorada That Yellow Bastard, editada como serie limitada entre febrero y julio de 1996. Ese culto a la ?justificada? violencia fascista y al militarismo se hace evidente en el extraordinario experimento visual 300, que narra desde su particular punto de vista la batalla de las Term?pilas, cuando aquel n?mero de heroicos espartanos imbuidos de un falso sentimiento de panpatria defienden la civilizaci?n occidental de las hordas orientales persas que pretenden acabar con ella, tal y como la entiende Miller. El simple y maniqueo concepto hist?rico postulado por el autor se da cabezazos con las interpretaciones hist?ricas m?s acad?micas, a la vez que rinde un homenaje a la pel?cula El Le?n de Esparta (The 300 Spartans) dirigida por Rudolph Mat? en 1962.
El g?nero negro.
Seg?n confesi?n del propio Miller, Sin City comenz? como una historia autoconclusiva de duraci?n est?ndar (seg?n c?nones comerciales europeos, o sea 46 p?ginas) y publicado por entregas a lo largo de 1992 en el magaz?n gen?rico Dark Horse Presents. En esta historia, a modo de homenaje, se resaltan buena parte de las esencias que han caracterizado al g?nero negro, tanto en sus presentaciones de celuloide como literarias, siendo su referente m?s evidente el estilo literario crudo del novelista James Ellroy.2 La implicaci?n y el convencimiento del propio Miller dilat? la trama hasta las casi 200 p?ginas, modificando por enlentecimiento el ritmo narrativo planteado inicialmente. La puesta de largo llega con la reedici?n en libro y consiguiente a?adido de p?ginas y premios que sugieren al autor el hallazgo de un yacimiento creativo que se mantuvo hasta marzo de 2000.
Este ?xito de cr?tica y p?blico le fuerza a la extensi?n ilimitada de las historias de la ciudad (cuyo nombre real es Basin City) y a incluir las siguientes entregas dentro de Legend. Pero la producci?n de nuevas historias lastra su prestigio al repetir similares supuestos de radicalidad y espectacularidad presentes en la primera y gen?rica historia. En los siguientes relatos suaviza el argumento en aras de la comercialidad, sustituyendo a su protagonista primario (el gigante esquizofr?nico y limitado mental Marv) por otros m?s convencionales (Dwight, Hartigan, Wallace) con los que los lectores puedan sentir m?s afinidad. Personajes m?s cercanos al h?roe ?milleriano?, cuyas ideolog?as se equiparan al fascismo redentor e intolerante. Personajes con sentidos embotados por pecados veniales que los traumatizan y que llegan a las catarsis liberadoras en matanzas salvajes. Un manique?smo digestivo para el p?blico y mercenario para sectores m?s comerciales. Dicho de otra forma, sustituye el referente Ellroy por el m?s populachero y extremo de Mickey Spillane.3 Miller trafica con su ideolog?a extrema para mantenerse en el circuito principal.
El autor es uno de los grandes narradores actuales. Maneja como nadie unos recursos pirot?cnicos que lejos de a?adir complejidad a la trama la disimulan con tramoya esc?nica. Unos dibujos espectaculares en su simplicidad a base de aguafuertes de alto contraste que sirven tanto para estancar el argumento como para acelerarlo y que definen a los personajes y al escenario con una extrema econom?a de medios. La ciudad es un destino y una explicaci?n de la vida de sus habitantes. Sin grises, plena de contraluces y descripci?n de ?reas muy recurrentes, en especial el bar country y el barrio colonial asiento de una feroz hermandad de prostitutas que dan significado y nombre a la ciudad. Una narrativa en primera persona que tan s?lo resulta honrada en la primera historia al situar al protagonista como acci?n o testigo en todas las secuencias. Una descripci?n de personajes en m?nimos y expresivos retales en donde destaca la caracterizaci?n de la madre del protagonista en una sola vi?eta (pocas veces la debilidad, la ancianidad y el desvalimiento han sido tan brillantemente descritos).
Marv nos cuenta la cr?nica de sus ?ltimos d?as, y por ende de toda su vida, con la inocencia de unos ojos infantiles que se acostumbran a la oscuridad corrompida de la ciudad a medida que progresa hacia su tr?gico destino. El autor cumple con uno de los estereotipos m?s recurrentes del hard boiled. Lo que comienza con una simple an?cdota acaba con el desenmascaramiento est?ril de una trama de corrupci?n. Es el samurai que cree que el camino m?s corto entre dos puntos es una l?nea recta, l?nea que simplifica su vida hacia un bestial c?digo de honor. Es uno de los personajes m?s matizados salidos de la narrativa de su autor. Un personaje que reduce su pasado a una sola reflexi?n y que no tiene futuro. Solo parece algo cuando se le compara con un oligofr?nico:
?Siempre se me dieron bien los rompecabezas. En el colegio estaba aquel chaval, Chuck se llamaba. Era retrasado mental. Me ve?a poner las piezas, y yo lo adoraba porque era la ?nica persona que he conocido lo bastante tonta coma para pensar que yo era un genio?
?y su vida se orienta hacia su destrucci?n.
Explotando el ?xito. Las historias posteriores de Sin City.
Tras el ?xito alcanzado en la primera historia, un Frank Miller motivado se propone explotarlo, aunque aplicando cierta cautela. T?ngase en cuenta que la capacidad de sorprender al lector con m?s raciones del mismo guiso ya no resultar? tan simple. Contando con la confianza de una cada vez m?s asentada Dark Horse y con el ego inflamado con la creaci?n de Legend, la clarividente perspectiva de Miller se ve cegada pensando que Basin City es un escenario capaz de albergar nuevas historias. Y si bien es cierto que necesita incrementar la comercialidad (posee los derechos de copia) no lo es menos el hecho de seguir manteniendo su prestigio, tanto como narrador como de activista en pro de los derechos de autor, cruzada en la que ejerce el rol de jefe espiritual. Las nuevas historias de Sin City deber?n contar con la suficiente calidad para un ensalzamiento cr?tico y disponer del suficiente enganche comercial para verse apoyado no s?lo por su incondicional p?blico, sino por uno m?s gen?rico y numeroso que tan s?lo ha tenido en algunos de sus trabajos distribuidos en el canal principal.
Para mantener la honradez narrativa en las siguientes entregas evita las secuelas planteando un relato en forma de cruce de caminos con la colocaci?n de reclamos pensada que orienten al lector en la historia radial de la ciudad. Estas balizas humanas las sit?a en partes del escenario que ya quedaron muy definidas en el relato inicial y que caracterizaron a Basin City como una ciudad sure?a, que bien podr?a estar ubicada en los estados de Georgia o Lousiana, ?reas emblem?ticas del nacionalismo yanqui y sus ?grandes? valores, pervertidos, seg?n el cl?sico prisma fascista de su autor, por los caciques el internacionalismo o las instituciones.
Gracias a la seguridad que le suministra su propia firma mantiene esa enconada experimentaci?n gr?fica que tan buenos resultados le ha dado en su primera historia y que adem?s enmascara a modo de bombas de humo una cierta dificultad en el dibujo agravada por el considerable tiempo que llevaba separado de los pinceles y la tinta (desde la realizaci?n de Elektra Lives Again en 1990). Sigue con el blanco y negro intenso de contraluces y contrafuertes de alto contraste permiti?ndose algunas experimentaciones con colores planos, rojo en The Babe Wore Red (noviembre de 1994) amarillo en That Yellow Bastard (febrero a junio de 1996) y azul celeste en Blue Eyes (diciembre de 1996). Posteriormente a?ade otras tonalidades como el rosa, ?Daddy?s little girl? (agosto de 1997) pero con un uso menos brillante que en los casos anteriores. Este uso del color tiene un componente estrictamente narrativo, un acelerador de ritmo, lo que le permite prescindir de textos de apoyo dando a la historia un efectista componente de efectos especiales. El tono rojo define a una candorosa y a la vez voluptuosa dama que quiere pasar una noche de pecado antes de tomar definitivamente los h?bitos que la conviertan en monja. El amarillo determina con precisi?n sint?tica el estado de descomposici?n ps?quica y f?sica de un pederasta castrado y hepatop?tico que acompa?a la brillante tintura ict?rica de su piel con el olor dulz?n y repugnante que cursa con estas lesiones.
Pero a?n profundiza m?s con el uso de estos colores planos. La feroz asesina Blue Eyes siempre ser? reconocible por su tono crom?tico de ojos y vestidos, y como tal aparece en todas las historias cortas que figura con el rol de protagonista. Cuando vuelve a aparecer en la limitada ?Hell?s back? (julio de 1999 a marzo de 2000) es porque Miller ha renunciado a la sorpresa argumental y su aparici?n tan s?lo enga?a (y por poco tiempo) a su protagonista, pues cualquier lector la tiene plenamente identificada por apariciones anteriores.
Pero el uso de color como avance narrativo halla su m?ximo en el n?mero siete de la anteriormente citada ?Hell?s back?, esta vez por obra de la colorista Lynn Varley, y en donde gracias a una iluminaci?n en suaves tonos pastel simultanea una sucesi?n de efectos narrativos. Un delirio alucin?geno provocado por la administraci?n de psicotropos poblado por quimeras y reconocibles personajes de la historieta (incluido un espartano de 300) una met?fora colorista que postula que los sue?os son en color mientras la realidad es en blanco y negro y finalmente una rampa de salida espectacular para un cliffhanger planteado en el final del n?mero anterior. La afinidad laboral entre Miller y Varley se hab?a reencontrado en Sin City en la confecci?n de portadas de determinadas miniseries, siendo las m?s afortunadas las de ?The big fat kill? (noviembre de 1994 a marzo de 1995).
Si en el racionado uso del color Miller se muestra innovador y muy convincente, no le ocurre lo mismo en la artificiosa utilizaci?n de splash pages mudas propia de ?Silent night? (febrero de 1996) especie de brutal cuento navide?o que narra una an?cdota m?nima en un ambiente extremo de secuestro y tr?fico de ni?os protagonizado por el mismo Marv de la historia inicial. Como en muchos de los relatos cortos, el autor no se muestra ni tan brillante ni tan innovador utiliz?ndolos como comodines para el completado de los huecos de su historia asim?trica o para promoci?n y relleno de otras publicaciones (caso de ?Daddy?s little girl? o ?Just another saturday?, publicados respectivamente en Tales to Offend o en Wizard #73). Todos los relatos cortos, once en total, se benefician de una edici?n en libro con el sugestivo t?tulo de Booze, Broads & Bullets en octubre de 1998, est?n anunciando el final de la cr?nica de Sin City.
Pero adem?s de las experimentaciones crom?ticas, la narraci?n radial, o el rescate de la cosmolog?a del m?s cl?sico g?nero negro, el autor saca de su particular frasco de las esencias otra serie de recursos narrativos m?s o menos artificiosos. En la miniserie The Big Fat Kill, o en la graphic novel titulada Family Values (octubre de 1997), el tiempo ficticio (en el que trascurre la obra) y el real (lo que tarda en leerse) se equiparan en la m?s pura tradici?n acad?mica, narrando ambas y con los mismos protagonistas (Dwight y las feroces prostitutas del barrio chino) dos masacres motivadas por una defensa y una venganza respectivamente. Con la aparici?n de la ?peque?a y letal Miho?, menuda y juvenil asesina, que no se sabe si adem?s se prostituye, recrea a modo de homenaje la iconograf?a de una Elektra muda, que maneja con precisi?n mort?fera un variado surtido de armas blancas.
El primer serial Legend, A Dame to Kill For, representa la primera aparici?n de este variopinto grupo en una de las mejores historias ambientadas en tan particular ciudad, al menos en su excepcional primera parte. En la misma asoman todos los clich?s que han hecho grande al g?nero negro. Un detective especializado en infidelidades, Dwight, antes de su conversi?n ?wagneriana? con clara inspiraci?n de Jack Nicholson en Chinatown (1974, Roman Polansky), las prostitutas ingenuas, y sobre todo la vampiresa Ava, especie de condensaci?n de todo tipo de mujeres fatales propias del g?nero. Su aspecto f?sico es una mezcla de Lauren Bacall (The Big Sleep, 1947, Howard Hawks) y Ava Gardner (The Killers, 1946, Robert Siodmack). Una s?per mujer que a modo de pez ceratia hembra funde con su poder?o er?tico a varios peleles masculinos entre los que se encuentra su protagonista. 4 Relato en primera persona, no excesivamente purista, y construcci?n propia del g?nero en la que abundan los di?logos chispeantes y el uso de met?foras extremas (?Nos mira como algo salido del culo de un perro?).
En la sobrevalorada That Yellow Bastard toda la construcci?n es tributaria de una elipsis de diez a?os que divide la obra en una r?pida y enfangada ca?da de su protagonista, Hartigan, y su posterior renacimiento v?a bushido al menos ante s? mismo. Tributaria en montaje y argumento a la mejor historia de Miller jam?s narrada, Daredevil Born Again (febrero a agosto de 1986), pierde en ello toda su capacidad de impacto. Una historia ya contada en un serial que no sorprende con evocaci?n y a?oranza al criptofascismo y excesiva en planteamientos extremos incluido un final salvaje y desconsolador que no deja pretexto a la esperanza.
Cuando el cruce de caminos que han significado las historias de Sin City se va completando el autor comienza a pensar en abandonarla con un final de traca y que adem?s filtre unas gotas de esperanza. Hell?s Back, la m?s larga de las historias (miniserie de nueve comic books editada entre julio de 1999 y marzo de 2000) narra el amor entre un hombre sin futuro y una mujer sin pasado como una forma de redenci?n de ambos, un porvenir esperanzado que se materializa en la huida de Sin City en el interior de un Thunderbird a la usanza del prodigioso final de Blade Runner de Ridley Scott. Con la huida de Wallace y su amor, Frank Miller deja de ser el cronista de esta sobrecogedora ciudad.
El final.
En la ?ltima d?cada del siglo XX, Frank Miller se hab?a encaramado en lo alto de la atalaya del prestigio. Con un dibujo que evoca los contrastes de Caniff y Toth, la soltura del pincel de Pratt y la realidad deformada de Breccia se reencuentra como autor completo. Un reencuentro en la simplificaci?n, en soltar lastres y en donde no tienen cabida ni entintadores, ni coloristas, ni estrellas gr?ficas de primer orden.
Consciente de esa p?rdida se aplica en la personalizaci?n de las figuraciones a base delimitar l?neas y silueteados que incluyen adem?s los fondos y hasta los enmarcados de las vi?etas. Sin la ayuda de m?scaras y mallas que identifican a los personajes del g?nero superheroico, las caracterizaciones de los figurantes se hacen m?s complejas, por lo que recurre a los contraluces intensos, encuadres de dif?cil perspectiva plenos de trazos sucios y al uso narrativo de la primera persona que en ocasiones resulta falso y mendaz al no estar presente el narrador en algunas de las secuencias. Su relato se hace descarnado, desesperanzado con un fuerte contenido en violencia, que se hace tan pl?stica que parece un slapstick rid?culo por la ausencia de humor. Seres tundidos a golpes, heridos por casi mortales disparos. O perforados por armas incisas y cortantes que no matan pero mutilan.
El prestigio inicial se agiganta por factores ajenos a la realizaci?n de c?mics. Desde su c?spide y con la libertad que le da su columna de opini?n mantiene un activismo en pro de los derechos de autor en forma de cruzada contra las grandes editoriales.5 Cabe decir que Miller fue uno de los primeros beneficiados en la liberaci?n de derechos realizada por DC en la miniserie Ronin (de julio a diciembre de 1983).
Muchas de las ideas de Miller est?n asentadas sobre realidades tan difusas que resultan falaces. El sello Legend quiebra en pocos a?os (de hecho s?lo son dos series las que llevan su sello). La especulaci?n que sostienen los compradores de ?n?meros uno? y las direct sales son realidades prosaicas que ponen l?pida a la quimera seg?n explica con tanto tino como amargura el propio John Byrne en el pr?logo de Danger Unlimited (Norma Editorial, septiembre de 1997). La tentaci?n del regreso al mainstream aguarda a estos autores de primera l?nea y Miller, pese a su aureola de autor rebelde, no va a ser una excepci?n. Sin encomendarse a Dios o Diablo, y contraviniendo todo su ideario expuesto en la ?ltima d?cada del siglo XX, acepta la jugosa oferta de DC para realizar una secuela de su obra m?s emblem?tica: The Dark Knight Strikes Again. Un trabajo desganado, mercenario, exitoso, pleno de fascismo y sobre todo ruin. Poderoso caballero es Don Dinero...
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